Inicios artísticos de Ramiro
Desde temprana edad, Ramiro Palencia mostró una inclinación por la pintura. Comenzó a dibujar personajes de sus tiras cómicas favoritas, como Tarzán, durante su etapa escolar. Sus profesores, especialmente el licenciado Fernando Manjarrez, quien lo conoció en la institución educativa San Juan Bautista de La Salle, notaron su talento y le brindaron apoyo. A través de un espacio en el periódico estudiantil, pudo compartir sus dibujos semanales y hacerse un nombre en la comunidad.
Desarrollo de técnicas y exposición
La habilidad de Ramiro para la pintura se desarrolló de manera empírica, anhelando perfeccionarse en Medellín, donde asistió a una escuela de pintura. Allí, su profesora, compañera de la renombrada artista Débora Arango, le confesó que tenía un talento notable. Sin embargo, las obligaciones laborales le impidieron aprovechar todo su potencial. Hasta ahora, ha utilizado varias técnicas de pintura y ha realizado exposiciones, destacando su reciente preferencia por la técnica de la brea, enseñada por el artista sinceano Felipe Fernando Angulo. Estas obras se pueden admirar en su hogar en el barrio Guinea de Sincé.
Un artista integral
Además de la pintura, Ramiro también se ha destacado en la fabricación de zapatos, un oficio que aprendió hace cinco años, del cual se sostiene para alimentar a su familia. Su habilidad en la confección le ha permitido alcanzar mercados más amplios, vendiendo calzado a instituciones educativas. Sin embargo, quizás su mayor pasión reside en la música, donde ha creado más de 25 canciones, algunas galardonadas en festivales locales. Destaca como intérprete de la música sabanera, soñando aún con el prestigioso festival de la Leyenda Vallenata, considerado un sueño frustrado que aún espera alcanzar.





