“La Constitución de Rionegro ha dejado de existir”, dijo el 10 de septiembre de 1885 el presidente Rafael Núñez, y con ella cayeron los Estados Unidos de Colombia y el régimen federal. Desde entonces, y en tan solo pocos meses, surgió un nuevo país organizado bajo el centralismo, modelo que ha logrado sobrevivir durante 140 años y que no fue cuestionado por la Constitución de 1991.
Con excepción de algunas voces que cada tanto piden volver al federalismo, este sistema de organización política es un tabú. Investigadores, politólogos, historiadores y políticos, con un rotundo “no”, cierran la puerta a la discusión sobre una nación federalista. “Hoy es imposible”. “Necesitamos un Estado fuerte para enfrentar los desafíos del país”. “La Constitución de 1991 dio las herramientas de la descentralización para darle independencia a las regiones”. “Es difícil enfrentar la violencia mediante el federalismo” son algunos de los argumentos que dan los defensores de un sistema político que, según la evidencia empírica, no ha logrado superar la pobreza y la desigualdad social económica y social ni tampoco ha podido acallar las armas.
En un momento en que el federalismo no es popular, Carlos Caicedo Omar, piensa en contracorriente que, hoy más que nunca, toca replantear con el centralismo. Para él, la pobreza y el desarrollo desigual de las regiones van de la mano con el actual modelo político-administrativo.
“La autonomía territorial en Colombia nunca se ha acompañado de capacidades reales y efectivas. La nación ha asignado competencias a los departamentos y municipios de manera general, sin tener en cuenta sus características geográficas, culturales y económicas. El modelo de descentralización que se implementó en Colombia en la Constitución de 1886, e incluso en la de la Constitución de 1991 no ha funcionado, antes, por el contrario, han aumentado las diferencias entre las regiones ricas y las pobres.
“El centro del país concentra cada vez más la riqueza mientras que los territorios alejados de las cinco grandes ciudades se mantienen rezagados. Incluso, estas brechas siguen siendo enormes en el Gobierno del cambio”
Carlos Caicedo
Explica el exgobernador del Magdalena, exalcalde de Santa Marta y líder político del Caribe que el centralismo solo ha beneficiado a Bogotá y a las otras dos ciudades. “Todos los temas importantes para las regiones se deciden en la fría capital y con unos cálculos que solo la benefician a ella. Por ejemplo, el sistema de transferencias se ha orientado a priorizar las políticas nacionales sobre las territoriales. Circunstancia que explican las malas cifras en los Indicadores de pobreza multidimensional, trabajo, salud, educación, vivienda”, dice Caicedo. En resumen, “el centralismo genera desigualdad”.
Además de la desigualdad, el centralismo ha anulado la acción administrativa de los gobernantes regionales y locales. El déficit en competencias administrativas que tienen los gobernadores y alcaldes socaban la democracia, reducen las oportunidades económicas y disminuyen la calidad de vida de los colombianos. “Allá en Bogotá se decide todo, nos dejan maniatados. No podemos decidir sobre nuestros recursos y nuestros destinos. ¡Ah! Pero los problemas, sí tenemos que resolverlos desde nuestros territorios, con limitaciones financieras, porque los impuestos los absorbe la nación”, afirmó Caicedo.
La propuesta de volver al federalismo no es un embeleco o una idea descabellada. Caicedo ha estudiado muy bien el tema desde diversas perspectivas. Históricamente, sustenta su propuesta en la experiencia federalista colombiana de 1863 pero en otras de la región. El Olimpo Radical hizo trasformaciones revolucionarias en la educación. Se llevaron a cabo programas de alfabetización en un país donde la tasa de analfabetismo era cercana al ciento por ciento. Los gobiernos del periodo crearon 1.867 escuelas normales para la formación de los docentes, responsabilidad que estuvo a cargo de una misión de pedagogos alemanes. Se crearon, además, escuelas técnicas como la escuela de minas. Se refunda la Universidad Nacional, y crean múltiples universidades que hoy tienen reconocimiento internacional.
“Sencillamente, fue la etapa de nuestra historia en la que más crecieron las regiones”, puntualizó Caicedo.
Además, afirmó que las investigaciones dan cuenta de que los actuales países federales tuvieron mejores niveles de desarrollo económico y de bienestar para sus ciudadanos “Solo –dijo Caicedo en una entrevista– hay que voltear la mirada hacia los grandes países de América que son Estados federales: Canadá, Brasil, Estados Unidos, México, Argentina. El federalismo ha servido para acercar el poder a la gente y atender mejor sus problemas”.
Volver al federalismo no es un camino fácil y Caicedo lo sabe. Por eso él también propone una ruta de tres puntos: proceso pedagógico de un año en todos los territorios del país; la creación de un movimiento nacional profederal, y realización de una consulta popular para convocar a una Asamblea Constituyente.
Carlos caicedo
“Acudiremos al pueblo soberano, porque pretender una transformación en el ordenamiento territorial de este país apelando al Legislativo y Ejecutivo, que concentran el poder en el centralismo, es imposible. No podemos seguir considerando a un Estado que nos trata como ciudadanos de segunda clase”
Sin dejar de ser polémica, la audaz propuesta de Caicedo de volver al federalismo puede contribuir a combatir la desigualdad. Y si las cosas no han funcionado con el modelo político-administrativo actual, no es descabellado probar otros modelos.




